domingo, 23 de septiembre de 2012
Un poco de descarga
Se acercan los parciales así que nada mejor para descargar tensiones que ponerse a improvisar. En este caso, un solo para una canción mía que se llama Bisturí. Para escuchar, acá.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Hogar dulce hogar
Domingo a la noche. Tus viejos se fueron de vacaciones. Casa amplia para que vos y tu novia puedan hacer lo que quieran: un asado al mediodía, garche con mucho ruido, etc, etc. Pero resulta que tu novia está loca y, después de comer el asado, se le da por decirte que se quiere ir a su casa, te empieza a tratar para el traste, y lo peor es que se da cuenta de que te está tratando mal a propósito, porque vos no le diste razones para hacerlo. Resulta que de repente te dice que quiere que se separen y vos le decís que preferís separarte a estar con alguien que, porque se le canta, te trata como un trapo de piso. Y te dice hija de puta por apagar un velador, ponele. Así que tu novia se va de tu casa y te queda toda la noche de domingo para leer textos facultativos, mientras, en la pieza de al lado, hay otros dos -mi hermana y su novio- que sí aprovechan bien la ocasión para coger a todo trapo y no dejarte leer los susodichos textos por los ruidos/gritos que podrías haber emitido vos misma.
sábado, 15 de septiembre de 2012
Descloseteando San Rafael II
-Buen día. Yo había hecho una reserva a mi nombre...
La empleada del hostel me miró a mí primero, a Dana después y, finalmente, dijo:
-Ah, sí. Si quieren, dejen las cosas en ese cuartito y
vuelvan a entrar a las 10.30, que es la hora del check in.
Aceptamos y salimos a caminar por las calles heladas de San
Rafael, Mendoza, buscando algún bar donde desayunar. Dos cosas sorprendieron: a
nosotras, la escasa cantidad de gente fumando en las calles; a los
sanrafaelinos, dos mujeres de veintipico caminando de la mano.
Nosotras pertenecemos a esa generación de lesbianas que
salió del armario al ritmo de los noticieros que hablaban de la aprobación de
la ley de matrimonio igualitario, al compás de la proliferación cada vez mayor
de series lésbicas, tanto extranjeras –y su basura inverosímil, The L World-, como la de la primera serie
lésbica argentina, Plan V; salimos del closet en una época en la que el
suplemento Soy ya existía, en la que los floggers –con Cumbio a la cabeza- ya
habían marcado una especie de “moda” homo o bisexual y en la que series
comerciales de canales abiertos como El elegido ponían en escena una relación
lésbica para ganar rating. Una época en la que caminar de la mano por la ciudad
de Buenos Aires ya no generaba sorpresas ni miradas de costado.
Pero caminando por San Rafael nos percatamos de que no
estábamos en Buenos Aires. Miradas sorprendidas de mujeres con cochecitos de
bebé, miradas de adolescentes que se pararon en una vidriera de un negocio
cerrado para mirarnos pasar entre risas, miradas curiosas de hombres en salas
de videojuegos. Ni hablar de que no vimos ni una sola pareja homosexual
caminando de la mano por la ciudad en todas las vacaciones.
Pero la frutilla del postre no vino hasta el viaje en micro de regreso a
Buenos Aires. Yo me había quedado dormida y me desperté con el asiento de al
lado vacío. Recordé que Dana me había comentado que antes la habían dejado
ir a fumar a la cabina del conductor, por eso supuse que debía estar ahí. Corrí
la cortina y ahí estaba ella, charlando con el conductor y su acompañante, un
riojano que antes había lanzado la clásica pregunta de confirmación: “¿Son
hermanas?”. Me ofrecieron que me sentase y siguieron la charla. El riojano se
excusó:
-Yo puedo entender que entre dos mujeres…pero no entre
hombres. Un hombre que está con otro, no es hombre.
Podría haberle respondido que un hombre que no puede estar
con quien de verdad le da la gana no es un hombre, o podría haberle preguntado
qué significaba para él ser un hombre, pero no valía la pena discutir con
alguien que pensaba que si Menem no se hubiera retirado del ballotage en 2003
–según él, lo hizo porque lo habían amenazado con asesinar a Zulemita si no lo
hacía- hoy estaríamos mucho mejor.
sábado, 8 de septiembre de 2012
Descloseteando San Rafael
En julio fuimos con Dana a San Rafael, Mendoza, y nos propusimos la misión de encontrar, al menos, una torta. Esto fue lo que ocurrió.
martes, 4 de septiembre de 2012
De una poesía, una canción
Para escuchar...acá.
¿Qué es la vida
si no un delirio
de metáforas aladas?
Surrealismo puro
Su realismo es tan sensato
que soy uva y quedo amarga como el vino
Su realismo es tan sensato
que como manzana me pudro.
Esta ciudad baudelairiana
¡Qué tedio! ¡Qué tedio!
Al igual que el resto
de la multitud me muevo
Mis necesidades prácticas
son lo único que me mueve
como autómata filistea
¿hacia dónde?
La teleología de esta experiencia
se acaba de anular.
Aprehender textos
para recitarlos es una instancia
tan artificial
como su contenido.
Nací artista, no sirvo
para esos academicismos
¡Acá tienen el examen final!
de sus sucios conceptos me sirvo.
La sabiduría no puede calificarse
con números naturales
tan innaturales que nos enseñan en la escuela
para ser razonables.
Sería como ponerle
un puntaje al amor,
a la amistad, a una canción.
Es que nací en el seno de una familia
De judíos profesionales
Y siempre fui lo otro
atea, lesbiana, artista, mujer.
Y si no hablo mucho
Lo hago con una canción
Con una poesía o acrílicos.
¿Qué es la vida,
Si no un delirio?
martes, 28 de agosto de 2012
17 meses
Según la Quiniela, el 17 es la desgracia. Pero yo creo que es todo lo contrario. Hace 17 meses que conocí a Dana y, curiosamente, la intensificación de esta relación es directamente proporcional al paso del tiempo. Hace 17 meses me habló una noche de un incipiente otoño una marplatense de ¡20 años recién cumplidos! que estaba -a mi juicio- loca de atar. "Habrá que seguirle el juego", pensé. Y así lo hicimos. Y saqué generala doble.
El segundo día que hablamos ya nos cogimos por chat y, a las dos semanas, ya nos decíamos que nos extrañábamos.
Al mes nos conocimos personalmente, y nos gustamos más aún. A los 3 meses y medio, se vino vivir a Buenos Aires. Los primeros tiempos de ella en mi ciudad fueron durísimos: ella vino con $800 en mano y sin laburo; yo, por mi parte, era víctima de los gritos de mi padre el día en que se enteró por mis tíos de que estaba de novia con una mujer y no les había dicho nada a él y a mi vieja.
Fueron meses difíciles: yo estaba sin trabajo y Dana consiguió uno en un kiosko de Microcentro en el que la explotaban y trabajaba todos los días menos los viernes (los domingos laburaba ¡12 horas!). Yo finalmente conseguí laburo en una revista y las cosas empezaron a marchar, aunque no nos podíamos ver casi nunca -además de que a casa no la podía traer y, en su hotel, vivía en una pieza junto a tres tipos, de los cuales dos eran putos y pareja. No podíamos tener intimidad casi nunca, no nos veíamos más que los viernes por la tarde-noche y un día me llamó al trabajo para decirme que no quería estar más conmigo. Sin más explicaciones.
Un mes después, reapareció, rogándome que volviera con ella. Volvimos en diciembre. Llegó el calor, la llevé a casa y conoció a mis viejos. Pasó más tiempo y la llevé a la casa de mis abuelos. Ahora, cada vez que veo a mi bobe me pregunta: "¿Cómo está tu compañera?", o: "¡Mirá vos, te viniste a enamorar de una mujer!".
El mejor sexo empezó a venir en esa época, con amplios fines de semana para vernos -ella ya había conseguido otro laburo menos explotador-, se quedaba a dormir en casa, los domingos íbamos a una parri que queda cerca de casa o nos pasábamos la tarde mirando películas y cogiendo.
Después conocí a sus padres. Fuimos un fin de semana a Mar del Plata a principios de marzo. A pesar de los miedos de Dana sobre la actitud que adoptaría su madre frente a esa circunstancia, todo salió perfecto. Llegamos y desayunamos con ellos, fuimos juntos a la playa, a la noche el padre hizo asado y el domingo fuimos solas a la Laguna de los Padres. Yo había ido como "amiga", pero fue más que obvio mi verdadero rol cuando se me escaparon algunos "mi amor" y Dana terminó dejándose llevar y dándome la mano en presencia de ellos.
Después empezaron las clases en la facultad para ambas y, entre algunas peleas, celos y algunos distanciamientos, seguimos juntas. Ahora ella se mudó a una habitación para ella sola y ya tenemos un espacio para compartir en paz.
En julio nos fuimos a San Rafael, Mendoza, juntas. Fueron las mejores vacaciones de mi vida. Caminamos 22 kilómetros, anduvimos en bici, conocimos el Cañón del Atuel y los dueños del hostel se robaron las cuantiosas sobras del asado que Dana había hecho y dejado en la heladera (y un queso Mar del Plata sin abrir).
Yo volví a estar sin laburo (¡sí, así de fluctuante es mi situación laboral!) y, en cuanto consiga uno permanente, me mudo con ella a un departamento.
Hace 17 meses que la conozco y, quizás, hace 17 que la amo también.
jueves, 16 de agosto de 2012
Mejor que el chocolate
Me acuerdo de la primera vez que vi esta película...Yo recién empezaba a estar con otras mujeres y me fascinó. Me moría de ganas por sacar de la pantalla y traer a mi cama a esa Christina Cox de pelo cortito y rubio, grandota, fibrosa y artista; o yo trasladarme a esa casa rodante hippie en la que ella vivía para que ella me hiciera un retrato o yo uno a ella. O compartir juntas uno de esos cubículos del baño del boliche, mientras otras tortas hacían fila y escuchaban los gemidos. O estar cogiendo en el sillón de la casa y ser descubiertas por un hermano.
También me moría de ganas por trabajar en ese local, "10 percent books", y que mi jefa fuera Ann Marie Macdonald (o Frances, en la ficción), tan intelectual y, al mismo tiempo, intrigante.
Al ver esta película por tercera vez hace poco, pude sacar algunas conclusiones acerca de mis gustos:
-que me gustan las mujeres de pelo corto, definitivamente.
-que me gustan artistas/intelectuales
-que cuando vi por primera vez esa película, pensé que ese tipo de minas -hermosas, llenas de aventura, de intriga, de arte, de intelecto y de pasión- sólo existían en la ficción. Pero ahora que conozco a Dana, puedo decir que también pertenecen a la vida real.
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