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sábado, 20 de noviembre de 2010

Manos esterilizadas

Hendí el bisturí en la piel joven. Antes de ir, no intente ofrecerme puntadas con hilos de acero oxidado. No pose en mi frente paños humedecidos en alquitrán. Recéteme una última bocanada de aire. Una última gota de saliva antiséptica. Una última observación en detalle. No le pido que firme la receta, no hace falta que existan pruebas incriminatorias.
   No. No quiero depender de las caricias que me dan sus manos esterilizadas. No quiero depender de las visitas que esporádicamente me hace durante las guardias. Inyección de anestesia, necesito una para no tener que permanecer despierta. Abstracción, cuarentena, aislamiento para no tener que lidiar con volver a verla.
   Sí, yo tomé el bisturí por elección propia, pero todavía algo latente queda en mis restos. Y ahora, doctora, simulemos que esta eutanasia fue una operación que falló intencionalmente. No me suministre más los antibióticos. Hace tiempo dejé de recibir la morfina. Sólo le pido un último electroshock, una última respiración boca a boca, antes del fin.

lunes, 11 de octubre de 2010

Aún mi sexo late
y mi corazón es penetrado
por ella.
Mi entrepierna,
seno de la vida.
Mi vida entre sus senos,
sus piernas.
Mis piernas son ramas
que buscan la luz,
se despliegan,
y con el lejano recuerdo
de la humedad
de su tierra,
corre la savia,
corre mi sangre,
se enarbolan ideas
(perversas),
germinan mis labios,
y mis ojos entierran
lo que ellos abiertos
no dejan que vea.
La voz del interior
nuevamente resuena
"Dejar de lamentar
de su cuerpo la pérdida.
Dejar de arrojar flores
al cadáver bajo tierra.
Que pronto los pétalos húmedos
y las hojas frescas
estarán tan muertos,
tan tiesos como ella".
Podé sus raíces
de mi maciza cabeza
e intenté cultivar,
en su lugar,
nuevas rarezas.
Pero tan sólo se trata
de desprolijos especímenes,
de secos arbustos.
de insulsas malezas.
La savia aún corre
por mis excitadas venas.
Y mi excitación corre
por mis no tan sabias venas.
Porque sigo desenterrando
su enraizado recuerdo.
Y, como un fabuloso fenómeno
de la naturaleza, 
su recuerdo echa raíces
y, más y más, me entierra.