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martes, 8 de febrero de 2011

Conversaciones conmigo misma - Parte 2

Está bien, aceptalo. Total, estás hablando con vos misma, que te conocés mejor que nadie. Y eso sólo ocurre cuando tenés algo bien atorado ahí adentro de los sesos que no querés dejar salir y, por eso, te lo terminás repitiendo una y otra vez, una y otra vez hasta el hartazgo. Sopesemos el asunto: te encanta, nunca conociste a alguien así, con quien puedas pasar horas hablando de esa manera, que compartan ese amor por la música, las artes plásticas, los viajes; con quien te sientas así de respetada, querida, etcétera, etcétera. PERO, ¿por qué tenía que ser hombre? Porque no es que eso sea un defecto, para nada, pero... sabés que lo único que está jodiendo todo el asunto es que nunca pudiste encontrarle la gracia a coger con uno. No importa que él te encante en todos sus aspectos, no hay con qué darle, a la hora del sexo, necesitás un cuerpo femenino. Y encima me parece que se dio cuenta, ¿o no? No sé, la verdad. Pero lo que no entiendo -y me parece que vos tampoco- es por qué él después te dijo: "Sos rara". Sí, y obviamente no me iba a quedar con la duda. ¿Le preguntaste por qué? Sí, me dijo que no sabía cómo explicarlo, sólo podía decir que tengo una "manera extraña de encarar el acto sexual", pero que no lo decía peyorativamente. No entiendo nada. Seguramente él tampoco, no te creas la única desorientada. Sí, sí, ya hablamos de esto otras veces...a veces sos bastante reiterativa. Si esto ya te había pasado antes, ¿por qué volvés a intentar? Y encima te venís a involucrar emocionalmente, porque se te nota, estás enganchada. Pero te voy a ser sincera, y perdoname que sea tan directa...me parece que no hay con qué darle, te gustan demasiado las mujeres.

jueves, 21 de octubre de 2010

Sin enviar


Buenos Aires, 21 de octubre de 2010
Estimada:
Desde que conozco a mi amigo nunca tuvo suerte con las minas. Yo viví la historia de su primer noviazgo en serio, su primera relación sexual, su primera gran desilusión amorosa, sus intentos fallidos por conseguir a alguien, sus años y años de no concretar absolutamente nada. Incluso su desliz para saciar su irrefrenable sed corporal al recurrir a un sorbo de sexo sin amor con una desconocida que no le atraía en lo más mínimo. Yo viví todo eso. Sólo te pido que ahora, que está muy contento ahora que te encontró, no lo desilusiones.
Quizás te genera un poco de intriga el mundo lésbico, quién lo sabe. Quizás lo hacés sólo para contarme dentro de tus conquistas. Quizás sólo te estás divirtiendo. Pero te pido por favor: con mi amigo no se juega. Quizás fue la sacudida que les dio aquel tequila, mientras yo me conformaba con la levedad de esa Schneider. No sé. Pero te pido por favor: no juegues con mi amigo ni tampoco conmigo. No te pongas a mover cual péndulo tu cadera, adherida a mis espaldas, deslizando tus manos en mi cintura, susurrándome palabras al oído con mi amigo ahí al lado. Por favor, no lo hagas. No me acaricies la pierna, no me hablés con tu boca a dos centímetros de distancia. La carne es débil, pero la amistad no.

Gracias.

Atte.

Yo.