Sólo voy a decir esto: llevo casi tres semanas de abstinencia sexual, una semana de exprimirme el cerebro para rendir los últimos exámenes, pocas horas de sueño por haberme quedado leyendo un libro de 500 páginas que me dieron el jueves con el motivo de entrevistar a alguien ayer a la mañana; ayer la operaron de cáncer de vulva o algo por el estilo a mi perra y...y encima hoy, que tengo examen de portugués, me despierta a las 3 de la mañana mi hermana garchando con el novio (y no es la primera vez, si no fíjense esto. )
¿Qué hice para merecer esto?
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viernes, 4 de noviembre de 2011
martes, 7 de junio de 2011
Esto es un llamado a la solidaridad
A ver si alguien me puede ayudar. Alguien que sea más hábil en temas relacionados con la tecnología que yo. Blogger no me deja más escribir comentarios, en ningún blog. ¿Qué tengo que hacer? Gracias.
lunes, 2 de mayo de 2011
Un día de suerte
Ella iba a venir en Semana Santa. Pero no todo salió como lo planeado: surgió un laburo bien pago por esos cuatro días, y se quedó. Después acordamos que ella vendría el sábado 14 de mayo, pero las cosas se adelantaron, casualmente, un poco.
Jueves 28 a la noche:
-Ella: Decime un número para que juegue a la Quiniela.
-Yo: 14 menos 13, uno. El 14 vas a venir, el 13 es el día anterior, que cae viernes, o sea, mala suerte. Eso indica que juegues el 01.
-Ella: Okey. ¿A las 11.30, a las 14, a las 17.30 o a las 21 hs?
-Yo: A las 14, por supuesto.
-Ella: Bueno, listo. Le tengo fe. Si sale voy pasado mañana a Buenos Aires.
-Yo: Bueno, dale.
Viernes 29 a las 14.30
Llega mensaje de ella
-Boluda, podés creer que salió? jajajaja Estoy a los gritos! Qué increíble! Salió, salió.
Sábado 30 a las 16 hs.
Estoy viajando en el micro. A eso de las 20 llego.
Sábado 30 a las 20.30
La fui a buscar a Retiro. Fuimos al Hotel Bolívar, ahí en San Telmo, donde supusimos que habría algún lugarcito. Un viejo decrépito estaba en el mostrador.
-Tenés habitación?
-Nada.
-Es sólo por esta noche.
-A ver...No, tengo sólo con baño compartido con otras habitaciones y con dos camitas separadas.
-Mmm..bueno, cualquier cosa volvemos en un rato.
(A todo esto, nunca le aclaramos que la cama fuera de dos plazas. Parece que, para el viejo, no cabía la posibilidad de que fuéramos amigas. La pinta de tortas nos delató).
Llegamos a Los Robles, otro hotelucho de por ahí, sobre la calle Estados Unidos. Pedimos pieza. Tengo...la 13, nos dice otro viejito más simpático. 13. Buenísimo. Subimos. Había cama de dos plazas.
-Yo: ¿Te diste cuenta que no nos preguntó si queríamos camas separadas o matrimonial?
-Ella: La tortez nos delata.
Más allá de que parecía pieza de telo y había más mugre que en un relleno sanitario del Gran Buenos Aires, estaba bien. Fuimos a un barcito de por ahí a tomar birra y comer algo. Ella, garronera a más no poder, le tiró la onda a la mesera de que nos regalara la pizza -que era lo único que había para comer porque era el cumpleaños del barcito-. No, no..., dijo la mesera platinada. Al rato volvió con la pizza diciendo que era "regalo de la casa". Era evidente que, con habitación 13 y todo, la suerte nos estaba acompañando.
Volvimos al hotel y, justo cuando llegábamos, se largó a llover. No voy a describir lo bien que la pasamos a la noche antes de dormirnos.
Domingo 01 a la mañana
Salimos del hotel mugriento con ganas de desayunar algo. Enfilamos por Piedras hasta Avenida de Mayo y encontramos el Café TORTOni. Bueno, nunca habíamos ido, así que valía la pena desenfundar los bolsillos por aquel tradicional boliche de Buenos Aires. O eso creíamos. Ella pidió té con leche, yo chocolate espeso, y, para comer, pan dulce y medialunas. Éstas últimas, estaban viejas. Y a una le faltaba la punta. ¡En el Tortoni! Una vergüenza, nos reímos.
Luego de descansar y hacer otras cosillas en el hotel mugriento -que a la vieja de la recepción que estaba a la mañana la habrían escandalizado- , decidimos aprovechar el día, salir y almorzar. Fuimos a la plaza Dorrego y terminamos pasando por un barcito en el que un mozo muy amable nos preguntó si habíamos probado el locro. Cómo rehusarnos. Y viene con empanada de carne cortada a cuchillo. (Ah! pero mucho mejor!, le dijo ella). Y para tomar, ¿les llevo dos copas de vino? (Ah! pero me la hacés cada vez mejor!) Bueno, le dijimos, te pedimos un locro para compartir y dos empanadas. Una empanada me la traés de onda, no? Garroneó la muchacha. Sí, si, dijo el mozo. Tengo que salir más seguido con esta marplatense, pensé. La suerte nos acompañaba. Estabamos en el primer piso de un bar de San Telmo que daba a la plaza, tomando vino, comiendo comida regional, charlando y riendo a más no poder. Si eso no era la felicidad, ¿qué más se podía pedir? Ah, sí. Algo más. Que el primer piso se desocupara y quedara sólo para nosotras. Sí, eso también ocurrió.
Apenas salimos, se había armado una batucada que recorría las calles de adoquines. Un tipo nos miró y nos vino a hablar. Era francés! Hablé francés con un parisino, lo que nunca me había ocurrido antes. Era mi día de suerte, definitivamente.
Para coronar una tarde genial, faltaba el helado de Freddo. Ella garroneó una vez más, pero la gran empresa no era tan bondadosa como los anteriores lugares. Fue gracioso que ni se puedo terminar el suyo, porque pidió: dulce de leche vauquita y DDL con no-se-qué-. Boluda, te pediste todo de dulce de leche, le dije. No, no, el otro es DDL, me dijo. Jajaja, DDL es dulce de leche.
El domingo se terminaba. La gente ya desarmaba la feria, todo volvía a la normalidad, poco a poco. Volvimos al hotel ya sabemos a qué y bueno. Ya eran las 21, yo me tenía que volver al hogar y ella se quedaba esa noche a ver a su hermano que está viviendo en Lanús. Me acompañó hasta mi casa y, mientras esperábamos a que llegara su colectivo, se cortó la luz en las calles. Bueno, la buena suerte duró lo que tenía que durar.
Ahora el 14 viajo yo a Mar del Plata. Hay que jugar más seguido a la Quiniela. Voy a jugarle al 13, a ver si la suerte nos vuelve a acompañar.
miércoles, 6 de abril de 2011
Semana "Santa"
Hace más de un año dejé a mi ex. Me acuerdo de que, para Semana Santa, él se había ido con amigos a Rosario, destino al que me había propuesto ir días antes de que yo le cortara. Y yo -que no me había podido acostumbrar a mi nueva amiga Soledad después del corte-, lo llamé llorando uno de esos días de fin de semana largo. La charla no condujo a nada, obvio. Ni siquiera recuerdo bien sobre qué hablamos. Lo cierto es que no volvimos, porque yo, aunque estaba peleada con Soledad, no quería volver con él. Sí, lo sé. Cualquiera haberlo llamado.
La cuestión es que, después de un año de aquel episodio, el panorama de mi Semana Santa va a ser completamente distinto. Gracias a haberme animado a ir a la radio hace unas semanas, empecé a hablar por msn con una marplatense que escuchó el programa grabado. Al principio pensé que estaba loca, es cierto. La charla empezó con un:
"Sí, te escuché en la radio y bueno, el linkeo es inevitable... Pero hablemos de algo que no sea tan literal, digo, esas cosas las hablás con todo el mundo...y no es un poco aburrido?".
Después de preguntarme algunas locuras y de yo no saber si irme al carajo, esperar a ver si era una joda de alguien conocido o descubrir a qué quería llegar, decidí seguirle la charla. Me pidió que continuara una historia que ella empezó, como si fuera un cadáver exquisito virtual. Yo la frené y le dije que charláramos un poco en serio para, aunque sea, saber con quién estaba hablando. Y, como siempre, terminé ganando. Y así, se puso interesante hasta que me dijo que se iba a dormir.
Ella: Buena onda, che. Fue de las mejorcitas conversaciones que he tenido. Te pongo un 8.
Yo: No me podés poner puntaje! Eso me hizo a acordar a algo no muy grato.
Ella: Ayyy, te acordás de tus novias..
Yo: Nada que ver, de un ser despreciable que nada tiene que ver conmigo.
Ella: ¿Me tratás de despreciable?
Yo: Si vos pensás que sí..bueno, me voy a dormir. Te pongo un 6,50.
Ella: Uh, encima me ponés ese puntaje de mierda? Ahora te pongo un 0,25.
Yo: Bueno, mejor. Cuanto más bajo el puntaje, más fácil es mejorar.
Ella: Ves? Esas cosas son las que me dan ganas de coger.
Las charlas se volvieron diarias y muy interesantes, y descubrí que su locura era la locura de todo estudiante de Letras que también enseña teatro. Mezcla explosiva si las hay. Y si a eso le sumamos el boxeo, la guitarra para zurdos que toca, las poesías en prosa que escribe y los cuentos pornográficos que me inventa para calentarme, bueno, definitivamente se volvió alguien especial en pocos días. Tanto es así que ya tengo con quién pasar mis cuatro días de Semana Santa. Ahora doña Soledad se hizo mi amiga, convivo con ella; pero, de vez en cuando, le pido que se de una vuelta por ahí y que me traiga a alguien en su lugar.
viernes, 25 de marzo de 2011
Se cansó, me cansé
Es cierto. Ya suficientes quilombos tenía como para agregarse uno más a la lista. Y tiene razón. Con secuelas de endocarditis bacteriana sufrida en el 2006, lo operan el 25 de abril del corazón. Tamaña preocupación era demasiado como para cargar con el hecho de salir con una lesbiana. No pudo soportarlo, me dijo. Y yo no pude soportar que él analizara cada cosa que yo decía. Se cansó. Me cansé. Nos cansamos.
miércoles, 23 de marzo de 2011
El chico de Metrovías
Ocurrió hace tres meses, aproximadamente. Era conducida por la rutina hacia la estación Constitución de la Línea C del subte. Llegué al molinete y escuché una voz desconocida que me gritó: "¡Laura!". Miré hacia atrás y era un chico vestido de Metrovías, completamente desconocido. Lo miré fijo y le pregunté: "Eh! ¿Cómo sabés mi nombre?". Y él me dijo: "Ah! Ah!" con un halo de misterio. Me subí en el vagón sin entender. Definivamente no lo conocía. Se me ocurrió algo: quizás, se me veía la tanga y por eso me dijo Laura. De repente, empecé a reírme sola cuando me miré en el vidrio de la ventanilla: tengo una cadenita con una L colgando. El pibe había adivinado, nomás.
Desde enonces, cada vez que paso por el molinete, escucho: "Hola, Laura", "Adiós, Laura", "Hasta mañana, Laura". Nunca lo miro. Me río por dentro, nomás.
Pero hoy, cuando bajé las escaleras del subte y descubrí la fila de 10 metros para sacar el pasaje y escuché el mágico "Laura...", miré hacia los molinetes y estaba el chico haciéndome una seña de "Vení". Me acerqué y me dejó pasar por la puerta. Hay veces que una se tiene que aprovechar de estas circunstancias.
jueves, 17 de marzo de 2011
Staying alive
Bueno, evidentemente, si estoy escribiendo acá, en la comodidad de mi hogar, significa que estoy viva. Que hoy sobreviví. Nunca me había pasado antes. Incluso fui precavida: miré para el costado, nadie doblaba en Montes de Oca. Ya estaba pensando en cualquier otra cosa cuando sentí que un 168 se me venía encima, y efecivamene lo hizo. Me dio en la cadera, me hizo saltar y caer con el lado izquierdo del cuerpo. Todo pasó en cámara lenta. Una señora, a lo lejos, gritó. Yo me quedé hecha una oruga en el asfalto, temblando, pensando que, milagrosamenee, estaba viva. Me levanté y llegué a la esquina. Una señora traía en su mano mis anteojos: ni me había dado cuenta de que se me habían volado. "Es como si revivieras", me dijo la señora, preocupada. ¿Querés que te lleve al hospital?, me ofreció el pelotudo del colectivero. No, está bien, respondí con voz temblorosa. Y seguí caminando hacia la nueva sede de Sociales, en Constitución, preguntándome si era yo o un espectro la que estaba caminando como si nada por la calle Lima.
Cosa aparte: para quienes mañana estén al pedo entre las 21 y las 23 y tengan ganas de escucharme -a mí o al especro, quién sabe-, fui invitada al programa Temporada de Chongos, en La Radio Rebelde.
sábado, 29 de enero de 2011
La verdad, estoy un poco desorientada
A mí quién me entiende. Dejé de fumar. A la gran mayoría le pasa que, cuando abandonan aquella adicción, inician una nueva: comer de más. Bueno, puede ser que esté comiendo más y que estos últimos meses haya aumentado unos 3 kilos. Pero lo más extraño es que dejé de fumar y retomé una práctica que pensé que nunca retomaría: empecé a salir con un hombre. Sí. Hasta me cuesta decirlo. La cosa es que me siento bien, bastante bien, diría yo. Y eso es lo más extraño.
No sé en qué mierda desembocará todo esto, porque si hay algo de lo que estoy segurísima, es que de 10 personas que me pueden atraer, 9 son mujeres y 1 un hombre. Pero bueno, me vine a enganchar con uno. Y tengo miedo. Tengo miedo de lastimarlo por terminar dándome cuenta de que los hombres no son para mí. Tengo miedo de coger -sí, todavía no cogimos- y que no me guste. Pero lo que más miedo me dio es que con él percibí ciertas actitudes que parecían casi calcadas de mi último novio. ¿Son tan parecidos los hombres entre sí cuando están con una mujer? ¿O es que yo elijo un patrón determinado sin darme cuenta? ¿Por qué ellos son tan diferentes al tipo de mujer que me gusta?
No quiero parecer una mina demandante. Todo lo contrario. Pero ellos son así porque les gusta complacer: si digo que me gustaría hacer tal cosa, la hacen. Si me gusta tal cosa, me la compran. Y es lindo sentir que el otro se preocupa por una. Me gustaría haber percibido ese tipo de actitudes de parte de las mujeres con las que estuve, pero no fue así. En ese caso yo me sentía la que intentaba complacer a la otra, la que le regalaba una golosina o que iba al lugar que la otra quería.
Después de pasar una noche juntos, los hombres se levantan, van al baño, se lavan la cara, los dientes, y vienen mientras estás acostada, te dan un beso en la cara y se quedan sentados al borde de la cama, observándote con una sonrisa. Cosa que no me ha ocurrido con las chicas. Ojo, no quiero hacer generalizaciones ad hoc, pero es lo que me ha ocurrido a mí. Ojalá hubiera tenido otra suerte con ellas.
Ellos quieren ir de mi mano por la calle siempre -y debo decir que tengo cierto resquemor a hacerlo, todavía-. Cuando estoy con ellas, yo soy la que siempre quiere agarrarles la mano.
Ellos me buscan a mi, dan el primer paso. Yo siempre las termino buscando a ellas.
Pero eso es lo que más me sorprende: cómo cambio yo según el sexo de la persona con la que estoy.
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