Mostrando entradas con la etiqueta laburo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta laburo. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de diciembre de 2010

La fiesta de fin de año

Sí, señoras y señores, porque no era de esperarse mucho menos del lugar en el que se fabrican las noticias, al surgir el rumor de que una de las nuevas le gustaban las chicas, la primicia corrió como pólvora en la redacción. Cuando mi editor se enteró de que, en julio, yo me había ido por dos días a "conocer a alguien" a Córdoba Capital, no podía faltar la inquisición: "¿quién es alguien?". Y yo le detallé que se trataba de una chica que había conocido a través de su blog.
Bueno, las aguas permanecieron tranquilas desde esos primeros días de agosto...hasta ahora. Llegó el gran festejo de fin de año del laburo. Se organizó una fiesta en un boliche en pleno centro, con comida y barra libre. Y, así como se destaparon unas cuantas botellas de cerveza, New Age y Champagne Triple Sec, unos cuantos personajes se destaparon también. Me encontraba charlando con las compañeras -da la casualidad que sólo fueron las que no me interesan; porque es regla: las que me gustan siempre son las amargadas que no salen-, y estaba aburrida por la música monótona que retumbaba en las paredes. De repente, llegó una tarotista y me pidió que eligiera una carta. "En lo laboral habrá muchas opciones hasta mayo", dijo. "Y en el amor...¿estás en pareja?". No, le dije (¿no se supone que eso lo tiene que adivinar ella? En fin...) Afirmó, con un halo de misterio: "Hay alguien nuevo en el ámbito laboral...con buena posición económica". Me acabo de enterar de que hay alguien nuevo...por ahora siempre las mismas y todas hetero (incluso las que tienen pinta de ser todo lo contrario).
La tarotista se retiró y me crucé a mi editor. Le conté sobre el tarot y me dijo..bueno, por lo menos, entre nosotros, podemos hablar de mujeres. Y así la conversación se derivó, hasta que le pregunté cual le gustaba de la redacción. "Vos". Atónita, me reí incómoda y le dije, bueno..sin contarme a mí. "Vos", repitió. Intenté llevar la conversación hacia otra parte hasta que llegamos a un punto en que me contó que, antes de que yo entrara a laburar, él andaba con una mina que le había propuesto sumar a una chica más a la cama. Apenas le conté lo de mi viaje a Córdoba, en julio, los otros editores se enteraron y empezaron a decirle que me hiciera la propuesta. Se nota que no me dijo nada porque se dio cuenta de que no habrían chances. Y, a todo esto, tengo que aclarar que vive con su mujer y su hija de 4 años.
Pasaron unas horas, la música se puso más interesante. No tardó en llegar otro de los editores, que me sacó a bailar. Yo siempre me presto porque sé lo que está por venir y las historias que después les puedo contar a mis amigos para reírme un buen rato con ellos. Me preguntó qué chicas me gustaban de la redacción. Le hablé de las dos amargadas que no habían ido a la fiesta. "¡Ah, pero te gustan las que parecen tipos en cuerpo de mujer! ¿Por qué no te gustan más femeninas? Y, entonces, ¿por qué los hombre no?". Bueno, son de imaginarse mis caras de orto, mis respuestas y demases. Me señaló a una de pelo cortito que pasó al lado nuestro. "A que esa es bi", me dijo. "Te acompaño y vemos quién se la levanta", me desafió. Ya no sabiendo qué esperar de este hombre, le dije que no, que tenía que entender que, en lo que a mujeres se refiere, los hombres no piensan igual que yo, que a mí no me gusta eso de ir y agarrarme a desconocidas, que necesito conocer mínimamente a la persona, etc, etc. Y, para cerrar esa noche, me dice: "¿Te puedo decir algo? Te lo voy a decir porque sé que no habrá respuesta de tu parte". ¿Qué?, le pregunté. Me miró y me dijo: "Yo te cogería". Justo llegó Inecita para socorrerme de las fauces de esta bestia y nos fuimos a tomar un taxi hasta Córdoba, donde me tomé el colectivo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Su nombre de usuario aparece cada vez que enciendo la computadora cuando entro al laburo. Es que su contrato caducó y ¿quién entró en escena? Aquí, quien suscribe. La cosa fue inesperada, porque resulta que aquel nombre que aparece cada vez que tengo que ingresar mi nombre de usuario, pertenece a alguien que yo ya conocía previamente a entrar al diario. Y, hace unas tres semanas, de repente, la ví en el trabajo, pero con un ascenso de por medio.
-Yo te conozco- le dije.
-Ah, si?- me dijo.
-Sí, cursamos juntas Comunicación II en la UBA el año pasado- le especifiqué (se habrá preguntado por qué yo me acordaba de ella, si nunca habíamos intercambiado palabras, simplemente la tenía de vista).
-Ah -se apresuró a saludarme con un beso- bueno, yo soy Malena.
Desde ese entonces no puedo evitar distraerme cada vez que la veo pasar. Desde entonces no pude evitar tejer estrategias para hablarle, que finalmente llevé a la práctica. Desde entonces no puedo dejar de pensar que está dando resultado, que hoy me vino a hablar y tendría que haber sido muy expeditiva para lograr que se fuera de mi escritorio, porque el tema laboral estaba cerrado y ella seguía ahí, mirándome, de pie, con esa postura, con esa sonrisa, con esa camiseta color mostaza y ese aro con forma de cuadrado en su oreja derecha. Con todos los detalles que pude observar de cerca. Y con todo lo que sé que ella no sabe que sé: sus freakeadas, su blog-delirio ochentoso-noventoso sobre historietas y películas de ciencia ficción, su co-conducción de un programa sobre igualdad de género los jueves en la FM Boedo y, sobre todo, que me encanta escuchar su voz esos días, antes de irme a dormir.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Subte-rfugios

Mediodía. Recién bañada y roseada con el Hugo Boss Pure -descubierto con grata sorpresa recientemente- me dirigía al laburo. Vestida toda de negro, no podía faltar el comentario obvio-pelotudo de dos trabajadores de Metrovías: "¡Pero si estás de luto!".
Ya me encontraba sobre la plataforma y se acerca un tipo de treinta y largos hablando por celular. Descripción: Campera violeta y algunos colores llamativos más. Arito en la oreja. Anteojos de sol sobre el poco pelo que le quedaba (ni un rayito de Febo se había asomado en ese momento como para convertirlos en necesarios). Se prendió un pucho mientras seguía hablando con otro tipo por celular y ahí me volví a hacer la pregunta para la que aún no hallé respuesta: ¿Está permitido fumar adentro del subte?
En fin. Treintaylargos cortó la comunicación, me miró, meditó y se acercó aún más.
T: ¿Hace mucho esperás?
Y: (Sequísima) No, hace cinco minutos.
T: Ah...está bien. (Me seguía mirando con intención de entablar conversación y yo, por supuesto, miraba fijo el punto en el que las luces salvadoras del subte aparecerían y las muy desgraciadas no lo hacían).
T: Recién venía caminando y cayeron algunas gotas...
Y: Ah, ¿si? Yo no sentí nada.
T: Sí, yo venía de lo de un amigo por Bonorino y me cayeron. Lo que pasa es que yo trabajo la mitad del año acá y la otra afuera y lo vine a visitar.
Y: (¿Alguien te preguntó? Encima ya lo calé: es de esos tipos que se piensan que se van a levantar minas alardeando con lo de que vienen del exterior).
T: ¿Vos te vas a trabajar ahora?
Y: Sí (ni te atrevas a preguntar dónde).
T: Yo ahora me voy a mi casa, en Lomas. Pero mis viejos viven en España, y vengo de pasar un verano allá de 40 grados, cero ganas de volver a Argentina.
Y: Y sí, a cualquiera le pasaría.
T: Sí, viven cerca de Barcelona, en Andorra.
Y. Ah, el principado.
T: (Mira con cara de sorpresa) Sí, el principado.
Llegó el subte, al fin. Me senté en un asiento y él, por suerte, se quedó parado lejos de mí. Quizás se dio cuenta de que estuve un poquito seca.
Ahora digo, ¿por qué tengo 40 historias con tipos que se me acercan en la calle y ninguna con una mina? Igual, aunque ya sé que puedo caer en el gataflorismo, pero no creo que me atraería alguien que me viniera a hablar sin conocerme.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Investigación

La miraba pasar con ese andar tan peculiar por la oficina. Quería saber cómo se llamaba. Cada vez que -con la cabeza hacia el techo, las manos en los bolsillos y abriéndose paso con los pies en posición de V- se acercaba a mi escritorio, yo la miraba. Ella simulaba no darse cuenta.


A mí no me engaña, pensaba yo. Esa campera violeta con franjas multicolores sólo significan lo que yo quiero que signifique. Nunca la ví con maquillaje. Siempre anda con un jean desajustado y zapatillas deportivas. Es la única de la oficina que viste así, todas mueven sus caderas embutidas en jeans ajustados, calzas con polleras y hacen ruido al pisar con sus botas.


Me desesperaba por averiguar su nombre y decidí comenzar con la investigación. Googlée y googleé con la poca información que tenía y nada. Estaba segura de que trabajaba en determinada área de la empresa y hasta dí con un artículo de denuncia que mencionaba unas iniciales y un apellido extremadamente corriente. Al lado del nombre incompleto, la nota -publicada en un blog de gente que denunciaba a esta área de la empresa y a quienes la integraban- decía entre paréntesis: "Bandera del Orgullo Gay". Ya está, dije. Es. Busqué todas las combinaciones posibles en la popular red social con esas iniciales y, obviamente, sin fructíferos resultados.


Luego tuve que recurrir al trabajo de campo y ahí fue cuando llegué al meollo del asunto y, a mi pesar, la desilusión: por medio de entrevistas semi-directivas, me informaron, en primer lugar, que su nombre era Cxxxx y, por lo tanto, ninguna de las iniciales que yo había sospechado era correcta. Y no sólo no trabajaba en el área de la empresa que yo había supuesto, sino que... estaba casada -o alguna vez lo estuvo (dato a confirmar)- y que tiene hijos. ¡Toda una Susanita consumada! De la que menos lo hubiera esperado... De todos modos, la investigación no está cerrada aún, me queda saber si efectivamente es o no una Susanita arrepentida.