viernes, 29 de julio de 2011

Los entretelones del cine

Día frío el de ayer. Veníamos con Dana de Lanús, donde me fui a comprar un amplificador múltiple con reverb. Cuando llegamos a Capital, le propuse ir al Gaumont, para no estar en la calle, ver una peli por 8 pesos y, de paso, ir a la última fila a hacer ustedes-ya-saben-qué. Llegamos temprano y fuimos unas de las primeras en entrar a la sala, así que aquel sitio para el toqueteo ya estaba reservado para nosotras. Nos acomodamos, impacientes, para que las luces se apagaran y comenzara a ser proyectada "El túnel de los huesos". Pero, a los dos minutos, vino un viejo -un personaje de aquellos- y se sentó en la última fila, a seis asientos de distancia. Podrán imaginar nuestra indignación...habiendo cientos de asientos libres mucho más cerca de la pantalla, donde la visión sería mucho mejor, se vino a sentar al lado nuestro, para romper las pelotas nomás. Pero eso no fue todo. Una de las primeras escenas muestra a una mina tirada en un sillón con una musculosa medio transparente. "Aaah", exclamó el viejo. Nos reímos. Pero no tuvo mejor cosa que hacer que pasarse la primera mitad de la película buscando una botella de Fanta y algo para comer que estaba en unas bolsas que hacían un ruido insoportable. Una y otra vez, una y otra vez. De repente, misteriosamente, cuando restaban unos 40 minutos, el tipo se levantó y se quedó mirando la película desde el pasillo. Finalmente, se fue. Qué alivio, pensamos.  

2 comentarios:

  1. auch... ya sé qué es lo que NO hice estas vacaciones de invierno y hubiese querido!
    ;)

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  2. Bueno, para el próximo invierno, asegurate de que ningún viejo pelotudo se siente en la última fila! jaja.

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hacen los coros